A las tres y media algunas calles dan un poco de mal rollo, están tan vacías. Me fui a la biblioteca. Son lo más parecido a los locales que necesitamos, aunque no sean más que la centésima parte. Porque, vale, puedes estar dentro sin comprar nada ni que te pregunten lo que quieres tomar. Sin que nadie espere que te gastes dinero. Pero estás sola. En los locales que tendremos yo llegaría, me sentaría en un sofá como ese rojo que encontró el padre de Vera en la basura. Y estaría ahí sentada, pensando. Ni siquiera necesitaría hablar con nadie, me bastaría con saber que puedo hacerlo. En la biblioteca, no. Al revés, si estás leyendo y alguien se te acerca, lo primero que piensas es qué pesado, o pesada. Pero cuando tengamos nuestros locales, será distinto. Podrás ir a ellos para estar callado o para no estarlo. Para las dos cosas, eso es lo importante. En la biblioteca sólo se puede estar callada. De todas formas fui.

Belén Gopegui [Deseo de ser punk] p.168.

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